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jueves, abril 26, 2007

LAS HERENCIAS DE CARLOS SALINAS DE GORTARI



Niños trabajadores
Trabajan para Cabal Peniche
Por Pablo César Carrollo
Juves 26 de abril/2007




VILLAHERMOSA, Tab.— La producción de los ranchos bananeros de Carlos Cabal Peniche se soporta con mano de obra pequeña, cuyos dedos apenas alcanzan a sujetar los plátanos.
Niños de entre 10 y 12 años de edad trabajan jornadas de hasta 12 horas, con actividades pesadas y temperaturas de 40 grados, bajo condiciones notorias de explotación laboral.
Los niños plataneros de Tabasco son contratados en la mayoría de las plantaciones de la región, con sueldos mínimos y jornadas largas. Tal es el caso del rancho San Rafael, ubicado en el municipio de Teapa, administrado por la empresa San Carlos SA, la cual es propiedad del ex banquero mexicano Carlos Cabal Peniche. Ahí los niños participan prácticamente en toda la cadena productiva.
El primero en la producción es el chamaco Álvaro, un flaquito de ojos rasgados que tiene 14 años y que nunca fue a la escuela.
Álvaro jala con su cuerpo los racimos de bananos, desde el campo hasta la empacadora, recorriendo de 200 a 500 metros con un lazo amarrado a la cintura. Su actividad consiste en jalar los racimos colgados en un cable-vía, como si fuera un caballo jalando una carreta, hasta llevar el producto a la empacadora. Álvaro recibe un sueldo de 60 pesos diarios.
En la siguiente etapa está una niña, se llama Cinthia y le dicen La China. Es una pequeña de 13 años que se encarga de "desmanar" las pencas conforme van llegando. Con un cuchillo agarra los racimos de plátanos y los parte en dos para dejar "manos" de seis o siete bananos, tal y como llegan al mercado. La chica se mete a una bolsa de plástico que le llega hasta el pecho y, toda mojada, separa los bananos buenos de los malos. Después arroja los racimos a una pila de agua.
El tercero en la producción es Carlitos, un chiquillo de 10 años que preferiría estar jugando al balón o a las escondidas en la calle, pero está metido en una gigantesca pila de agua, trabajando. El niño lava los plátanos buenos. Se la pasa hasta ocho horas adentro del agua, metido en una bolsa de hule que parece un sleeping.
Carlitos agarra los plátanos y les da una zambullida para llevarlos hasta el territorio de El Pilo, su compañero de trabajo, de 10 años de edad, encargado de arrastrarlos con un bote de plástico.
La pila es como un chapoteadero de agua negra repleto de bananas que flotan como patitos de hule verdes. Los niños aprovechan para jugar ahí mientras trabajan. El Pilo le arroja agua en la cara a Carlitos, y Carlitos le provoca una gran ola que le llega hasta el pecho, mojándole la camisa. Juegan como niños. Se ríen. Se burlan unos de otros. Se divierten como enanos. Hasta que por fin El Pilo le entrega los plátanos a Marco, el niño de 11 años que se encarga de sacar los bananos de la pila para ponerlos en una caja de cartón.
Una caja de cartón que, por cierto, es armada con grapas por El Éver, un chamaco de 18 años que empezó a trabajar en las bananeras a los 13.
El Artículo 123 de la Constitución mexicana, apartado A, fracción III, prohíbe la utilización del trabajo de menores de cartorce años. El artículo 173 de la Ley Federal del Trabajo establece que sólo será permitido el trabajo infantil de niños y niñas mayores de catorce años que hayan concluido su educación obligatoria. La Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada y ratificada por nuestro país el 19 de junio de 1990, prohíbe el trabajo infantil de niños y niñas menores de 14 años.
A pesar de todas las prohibiciones, persiste la explotación en el campo. El trabajo en la bananera San Carlos está a cargo primordialmente de jornaleros adultos que ganan de 100 a 120 pesos, pero en todas las etapas hay menores de edad que cobran 60 pesos. El patrón ahí se ahorra un dinero.
En la última etapa de la producción, en el empaque y la carga del producto, también hay niños que trabajan al ritmo de los mayores, como Fernando, de 11 años, encargado de llevar las cajas de 21 kilos hasta el refrigerador de un tráiler que llevará los bananos hasta Sonora.
"A mí me gusta jugar futbol", platica Fernando, haciendo como que patea un balón con su pie derecho descalzo. No tiene zapatos. Sus pies presentan manchas negras, al igual que sus manos. De hecho todos los niños tienen las manos manchadas de negro y no saben por qué.
"Le voy al Cruz Azul y mi ídolo es El Kikín, aunque ya no está en el Cruz Azul", platica. "Y me gusta jugar al agarra-agarra con mis amigos, pero ahorita tengo que trabajar", dice al levantar una caja y llevársela al hombro, con apuros. "Soy fuerte", balbucea Fernando, casi pujando.
El cultivo del plátano es muy delicado, platica el caporal Faustino, administrador del rancho. Es como una flor, dice. "Tienes que darle fertilizante y vitaminas, si quieres que sea de calidad". Si el producto está rayado o golpeado, nadie lo querrá en el mercado. Y él mismo encuentra una analogía. "La banana es tan delicada como un niño", dice, pensativo. "Si no lo alimentas bien, si no lo cuidas, crecerá desnutrido y enfermizo", concluye.
Una promesa
-Tras la muerte de David Salgado, el 21 de marzo la secretaria de Desarrollo Social, Beatriz Zavala, firmó un convenio con productores de Sinaloa para evitar que éstos contraten a menores de edad en los campos agrícolas.
-La funcionaria prometió que pronto llevaría este tipo de acuerdos a otras partes del país en los que se emplea a niños.
-Asimismo, anunció mayores apoyos en becas y escuelas, así como un incremento en los recursos que se destinan al Programa de Atención a Jornaleros Agrícolas.
-En ese momento advirtió que los acuerdos que se buscará firmar para evitar el empleo de menores en la agricultura, estipulan que los productores que contraten a niños de 14 años o menos no recibirán los recursos de la Secretaría de Desarrollo Social.
-Actualmente la Secretaría de Educación Pública aplica el Programa Nacional de Educación Primaria para Niños y Niñas Migrantes, al cual sólo tiene acceso 4.1 por ciento de los menores que laboran en zonas de cultivo en el país.
750 mil niños trabajan en campos agrícolas, según el Senado de la República.
300 mil menores dejan cada año sus comunidades para emplearse como jornaleros: Unicef.
10% de estos menores tiene posibilidades de acudir a la escuela.
60 pesos gana, al menos, un niño jornalero por un día de trabajo.
50 años de edad es la esperanza de vida para los trabajadores agrícolas.

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