SE REANUDA LA LIGAMX LEÓN VS MAZATLÁN

martes, febrero 26, 2008

DE LA REVISTA BUZOS

La clase media ante el gran capital
Por Abel Pérez Zamorano

La propaganda oficial es insistente en el sentido de que las pequeñas y medianas empresas tienen un gran futuro. Un día sí y otro también se nos dice que el ciudadano común puede, con esfuerzo y mucha imaginación, abrir un negocio y prosperar. Todo es cuestión de audacia, visión y mucha tenacidad para tener éxito. Y para eso el propio gobierno ofrece asesoría, apoyos (las más de las veces retóricos), para que quien así lo desee se convierta de la noche a la mañana en próspero empresario. Pero esta campaña viene a darse de topes contra la realidad, que marcha en sentido opuesto y que es más necia que la propaganda oficial. En el sector comercio, tenemos un botón de muestra.
Recién la prensa publicó que la cadena de tiendas OXXO abrirá este año en todo el país 700 nuevas tiendas, un verdadero éxito para el corporativo mexicano FEMSA de Monterrey, dueño también de Coca-Cola México y la Cervecería Cuauhtémoc-Moctezuma, entre otros negocios. Según datos proporcionados por FEMSA Comercio, el año pasado OXXO abrió 795 nuevos establecimientos en todo el país (es decir, más de dos al día), pasando de un total de 4 mil 442 a 5 mil 237 (El Universal, Sección Finanzas, 12 de febrero). Por otra parte, 7 Eleven, otra cadena de las llamadas tiendas de conveniencia, creció en un 40 por ciento durante este año, para completar 850 establecimientos. En su conjunto, este sector del comercio ha registrado un gran crecimiento: 84.7 por ciento en los últimos ocho años, pasando de 7 mil 47 tiendas de este tipo, a 13 mil 14, es decir, casi seis mil más.
Por otra parte, para nadie resulta desconocida la acelerada expansión de las grandes tiendas de autoservicio en el territorio nacional, no sólo en las grandes ciudades, como antes, sino ahora en ciudades medias. Según la fuente antes citada, Wal-Mart invirtió 11 mil 262 pesos en 2007 para ampliar sus negocios. En otros giros, cadenas de restaurantes, de la llamada fast food, o tipo cafeterías, se expanden por ciudades y estaciones de servicio, apoderándose del marginal mercado que aún conservaban sectores de la economía hasta hoy “democráticos”, bajo propiedad y con trabajo familiar. En el sector de papelería, también hasta hace algunos años característico de negocios familiares, se expanden ahora empresas como Office Depot; en el de enseres para el hogar, otras como Home Depot.
Pero si éstas y otras cadenas, grandes corporativos, se apropian de sectores cada vez mayores del mercado, ello significa que las pequeñas empresas domésticas, sostenidas con el esfuerzo familiar, están perdiendo mercado, y con ello esa fuente de vida. Así lo perciben, por ejemplo, los pequeños comerciantes de Zacualtipán, Hidalgo, que luchan por impedir la instalación de un gran centro comercial en esa pequeña ciudad serrana. Y es que el resultado necesario de esta expansión de los grandes corporativos dedicados al negocio minorista es el paulatino debilitamiento y la final crisis de pequeños negocios familiares, o una drástica reducción de sus utilidades, que los deja a nivel de sobrevivencia. Tiendas de abarrotes, restaurantes pequeños, papelerías, tlapalerías, etc., van encaminándose, así, a la extinción.
Si tenemos en cuenta que la concentración del capital constituye una ley del desarrollo de nuestras economías, entonces la lógica de lo que estamos presenciando es clara. El capital se concentra progresivamente en unas cuantas fortunas inmensas, y, necesariamente, van quedando millones de pequeños empresarios en la ruina, obligados a recurrir al ambulantaje, emigrar a los Estados Unidos o, con algo de suerte, ser asalariados en alguna empresa grande.
Como parte de esta misma tendencia, y agregando sus efectos a lo dicho, los campesinos están abandonando masivamente el campo, dejando de ser eso, campesinos, es decir, dueños de medios de producción, como una pequeña parcela o algunos animales, para convertirse en asalariados, ya sea en las ciudades mexicanas o en los Estados Unidos, o bien vendedores ambulantes. A principios del siglo pasado, México era eminentemente rural; ahora, apenas un poco más del 20 por ciento de la población vive en el campo, y cada año medio millón de mexicanos, procedentes fundamentalmente de las zonas rurales, emigran a los Estados Unidos para emplearse como asalariados.
Así pues, la prédica de la microempresa tiene una lógica endeble, pues aún ignorando los datos anteriores, si sólo supusiéramos que toda persona, con sólo quererlo, puede convertirse en empresaria, sería lógico preguntarse quiénes serían los trabajadores de tales empresas, ¿o es que ahora éstas ya no necesitan del trabajo asalariado? Éste es condición básica de la economía de mercado; sin él ésta no existiría. Así que la ilusión de ser pequeño empresario, aun como simple sueño, es típicamente de clase media; para los trabajadores ni ese sueño es permitido, pues con su trabajo son el motor de las empresas.
En fin, la tendencia que se dibuja en estos hechos es la erosión de la clase media, su desgaste de forma cada vez más acelerada y la concentración creciente del capital en grandes corporativos, proceso en el que también está inmerso el campesinado. Cada vez más aumenta la clase de los asalariados, a pesar de las ilusiones en contrario sembradas por la propaganda; las políticas oficiales impulsan este proceso, de manera que si las clases medias tienen alguna esperanza de resistir o al menos prolongar su estatus, no será huyendo de los trabajadores, sino uniéndose a ellos, pues ambos sectores son víctimas de un mismo mal.

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