Más que un grito, lo que Calderón expresó ayer fue un lamento de impotencia, destinado a la autocomplacencia y no así a la conmemoración de una fecha tan importante para la historia de México, como desconocida por el propio Calderón.
La sociedad inorgánica, esa que expresa individualismo el resto de los días, se congrega para manifestar “unión” entorno a una fiesta popular que les despierta ese “chauvinismo” que nada tiene que ver con los acontecimientos que dieron pie a esta celebración.
Pasado el festejo, se olvida por completo cuál fue el motivo que los llevó a gritar desaforadamente y se vuelve a la rutina de asumir una conducta de inoperancia tanto de ciudadanos al momento de exigir sus derechos consagrados en la Constitución, como de autoridades de cumplirlas.
Mientras tanto, las dos cadenas televisivas más grandes del país (Televisa y Tv Azteca), tratando de ser coherentes con el discurso, se presentaron unidas (como si en algún momento hubieran estado separadas) exhibiendo la pobre figura de un personaje que lejos de verse beneficiado con dicha publicidad, se ve disminuido y no por su insigne estatura, sino por sus disminuidos resultados.
La televisión registró aplausos para el PELELE, ocasionados por la colocación de micrófonos de ambiente en los lugares donde sabían que se encontraban las “porras oficiales” del ESPURIO, o, simplemente se allegaron de aplausos y gritos grabados para resaltar que la gente efectivamente se encontraba ahí no sólo para gritar, también, para apoyar a quien nada les da, pero si, mucho les ha quitado.
En vísperas de la celebración del Bicentenario de la Independencia, las cosas en nuestro país –trágicamente- se acercan más a las condiciones que fueron motivo de la insurgencia, que al bienestar que supuestamente deberíamos estar disfrutando
Esta situación se ve reflejada con el cambio de color de ámbar a rojo, de muchos grupos y organizaciones que antes se encontraban a la espera y que ahora, están pensando cómo manifestar su repudio ante los gobiernos sectarios que han acabado con las expectativas de vida de millones de familias, que al verse colocadas en una situación desesperada, no tienen otro camino que delinquir, huir, y en un escenario catastrófico, levantarse en armas contra aquellos que los han humillado y devastado.
Varias aristas se vislumbran con la celebración del Bicentenario de la Independencia, esta misma que se inscribe con letras mayores y que se defiende con minúsculo interés, pues ahora más que antes, somos dependientes de lo que agentes extranjeros decidan sobre nuestro país, en cultura, en la política, en las cuestiones sociales y claro, en lo económico.
Así que, lejos de festejar, es momento de actuar, de organizarnos no para una nueva subversión, sino para exigir a los gobiernos actuales el cumplimiento puntual de su mandato e impedir, que sigan llegando al poder personas ineptas, clasistas, sin compromiso con la gente que menos tiene, esos, que en pocas palabras, son unos TRAIDORES A LA PATRIA.
La sociedad inorgánica, esa que expresa individualismo el resto de los días, se congrega para manifestar “unión” entorno a una fiesta popular que les despierta ese “chauvinismo” que nada tiene que ver con los acontecimientos que dieron pie a esta celebración.
Pasado el festejo, se olvida por completo cuál fue el motivo que los llevó a gritar desaforadamente y se vuelve a la rutina de asumir una conducta de inoperancia tanto de ciudadanos al momento de exigir sus derechos consagrados en la Constitución, como de autoridades de cumplirlas.
Mientras tanto, las dos cadenas televisivas más grandes del país (Televisa y Tv Azteca), tratando de ser coherentes con el discurso, se presentaron unidas (como si en algún momento hubieran estado separadas) exhibiendo la pobre figura de un personaje que lejos de verse beneficiado con dicha publicidad, se ve disminuido y no por su insigne estatura, sino por sus disminuidos resultados.
La televisión registró aplausos para el PELELE, ocasionados por la colocación de micrófonos de ambiente en los lugares donde sabían que se encontraban las “porras oficiales” del ESPURIO, o, simplemente se allegaron de aplausos y gritos grabados para resaltar que la gente efectivamente se encontraba ahí no sólo para gritar, también, para apoyar a quien nada les da, pero si, mucho les ha quitado.
En vísperas de la celebración del Bicentenario de la Independencia, las cosas en nuestro país –trágicamente- se acercan más a las condiciones que fueron motivo de la insurgencia, que al bienestar que supuestamente deberíamos estar disfrutando
Esta situación se ve reflejada con el cambio de color de ámbar a rojo, de muchos grupos y organizaciones que antes se encontraban a la espera y que ahora, están pensando cómo manifestar su repudio ante los gobiernos sectarios que han acabado con las expectativas de vida de millones de familias, que al verse colocadas en una situación desesperada, no tienen otro camino que delinquir, huir, y en un escenario catastrófico, levantarse en armas contra aquellos que los han humillado y devastado.
Varias aristas se vislumbran con la celebración del Bicentenario de la Independencia, esta misma que se inscribe con letras mayores y que se defiende con minúsculo interés, pues ahora más que antes, somos dependientes de lo que agentes extranjeros decidan sobre nuestro país, en cultura, en la política, en las cuestiones sociales y claro, en lo económico.
Así que, lejos de festejar, es momento de actuar, de organizarnos no para una nueva subversión, sino para exigir a los gobiernos actuales el cumplimiento puntual de su mandato e impedir, que sigan llegando al poder personas ineptas, clasistas, sin compromiso con la gente que menos tiene, esos, que en pocas palabras, son unos TRAIDORES A LA PATRIA.
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