No recuerdo la fecha ni el motivo por el cual nos encontrábamos reunidos un grupo representativo de diversos sectores de la sociedad queretana identificados con la izquierda, para lo que sí me alcanza mi memoria, es para recordar que uno de los acuerdos de dicha reunión, era marchar por las céntricas calles de la capital.
Había un buen ambiente en la reunión, misma que se realizó en lo que ahora es el centro de cómputo de la Facultad de Filosofía de la UAQ, en el viejo edificio de la Exprepa Centro.
Muchas caras me resultaban conocidas, pues eran las mismas que acudían a este tipo de eventos para dejar en claro su posición izquierdista y ser parte de esa corriente que en Querétaro mas bien se asemeja a un soplido.
El caso es que una vez decidido el recorrido de la marcha, que repito, no recuerdo el motivo de la misma, se pasó al siguiente punto que no era otra cosa que la elaboración de un documento que serviría para informar a la gente de nuestras “exigencias”.
La tarea no resultó fácil, pues todos nos sentíamos con los merecimientos suficientes para quitar y poner palabras, según fuera nuestra capacidad literaria y el estado de rebeldía en que nos encontrábamos en ese momento.
Por fin y a trompicones, la carta se terminó de elaborar y se procedió a su lectura para que contara con la aprobación de los asistentes, que pocos no eran, si consideramos que había representantes de varios municipios y de sectores como el académico, estudiantil, sindical e indígena, entre otros.
Cuando se pensaba que ya todo estaba en orden y que el evento concluiría si más contratiempos, se presentó un detalle que vino a dar al traste con todo; resulta que a la dichosa carta no se le había puesto a quién iría dirigida, de tal manera que se acudió a las aportaciones de los presentes para darle salida a la misma.
Hubo varias propuestas: a los habitantes de Querétaro, al público en general; sin embargo, quedaron dos únicamente que fueron: a la opinión pública y la otra, al pueblo de Querétaro y sobre esas nos fuimos.
Se registró un verdadero debate en una cuestión que a todas luces parecía intrascendente, fue un duelo de teorías mal aprendidas contra ideologías hibridas que en ocasiones caían en el eclecticismo.
Llevaban más de dos horas discutiendo sobre el caso, que mejor algunos optaron por marcharse, a tal grado que tuve que secundarlos sin saber cómo había terminado todo aquello.
Después me enteré que, efectivamente hubo marcha, lo que no hubo fue un panfleto donde se informara al pueblo de Querétaro, o a la opinión pública, qué cosas.
Había un buen ambiente en la reunión, misma que se realizó en lo que ahora es el centro de cómputo de la Facultad de Filosofía de la UAQ, en el viejo edificio de la Exprepa Centro.
Muchas caras me resultaban conocidas, pues eran las mismas que acudían a este tipo de eventos para dejar en claro su posición izquierdista y ser parte de esa corriente que en Querétaro mas bien se asemeja a un soplido.
El caso es que una vez decidido el recorrido de la marcha, que repito, no recuerdo el motivo de la misma, se pasó al siguiente punto que no era otra cosa que la elaboración de un documento que serviría para informar a la gente de nuestras “exigencias”.
La tarea no resultó fácil, pues todos nos sentíamos con los merecimientos suficientes para quitar y poner palabras, según fuera nuestra capacidad literaria y el estado de rebeldía en que nos encontrábamos en ese momento.
Por fin y a trompicones, la carta se terminó de elaborar y se procedió a su lectura para que contara con la aprobación de los asistentes, que pocos no eran, si consideramos que había representantes de varios municipios y de sectores como el académico, estudiantil, sindical e indígena, entre otros.
Cuando se pensaba que ya todo estaba en orden y que el evento concluiría si más contratiempos, se presentó un detalle que vino a dar al traste con todo; resulta que a la dichosa carta no se le había puesto a quién iría dirigida, de tal manera que se acudió a las aportaciones de los presentes para darle salida a la misma.
Hubo varias propuestas: a los habitantes de Querétaro, al público en general; sin embargo, quedaron dos únicamente que fueron: a la opinión pública y la otra, al pueblo de Querétaro y sobre esas nos fuimos.
Se registró un verdadero debate en una cuestión que a todas luces parecía intrascendente, fue un duelo de teorías mal aprendidas contra ideologías hibridas que en ocasiones caían en el eclecticismo.
Llevaban más de dos horas discutiendo sobre el caso, que mejor algunos optaron por marcharse, a tal grado que tuve que secundarlos sin saber cómo había terminado todo aquello.
Después me enteré que, efectivamente hubo marcha, lo que no hubo fue un panfleto donde se informara al pueblo de Querétaro, o a la opinión pública, qué cosas.
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