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martes, febrero 27, 2018

LA EVOLUCIÓN QUE INVOLUCIONA...

Somos una sociedad que, inexorablemente, ha ido evolucionando, aunque (con mucho pesar), no siempre en el sentido correcto. En estos tiempos en los cuales la "libertad" y la "independencia" de la persona son temas tan recurrentes en ámbitos diversos, no coinciden con la realidad en la cual, dependemos de la acción que emprendan otros sujetos, para bien y para mal.
El individuo es un pequeño sistema que conforma un todo llamado sociedad. Nuestras acciones invariablemente tienen un sentido, aun cuando, nosotros mismos lo desconozcamos. Según nuestra ideología, voluntad, convicción y capacidad, podemos hacer que ciertas cosas sucedan, pero solamente con la participación conjunta, podemos hacer que las cosas trasciendan.

Pero, a pesar de los avances tecnológicos (o quizá debido a ellos), nos hemos vuelto una sociedad indiferente, carente de valores, nos dejamos llevar por frases trilladas y lugares comunes: "No necesito de nadie para lograr lo que quiero", "El querer es poder", "El cambio está en uno mismo", y otras más que sólo muestran el afán individualista que cada vez va impregnando más a nuestra endeble sociedad.

A qué me refiero: a que hemos transmutado de una sociedad medianamente solidaria, a otra sumamente egoísta, que busca su bienestar y el absurdo objetivo de la "felicidad perenne", siendo indiferentes al mal ajeno y no, no se trata de hacer manifiesto ningún acto religioso, de doctrina o culto, se trata de un eminente acto de humanidad.
Los movimiento sociales se han atomizado en luchas que revisten intereses particulares, que deberían ser de todos. Antaño, las batallas eran globales, por mejorar las condiciones sociales de todos los trabajadores; ahora, hay agrupaciones medioambientalistas, por los derechos a la diversidad de género, pro-animalista, por los derechos de la niñez, entre muchos otros.
Esto ha hecho que dejemos de ver el padecer de los demás y nos concentrarnos solamente en lo que a nosotros atañe, lo cual nos ha vuelto vulnerables y profundiza la división social en cuanto a las luchas sociales que emprendamos.

Pero todo se manifiesta principalmente en la acción individual, en lo que cada uno hace. Nos hemos vuelto incapaces de participar con otros individuos en actividades que conlleven a mejorar las condiciones sociales, preferimos dejarlo a las autoridades (en la mayoría de los casos corruptas e incompetentes) que aliarnos como una sólida sociedad, capaz de reaccionar ante el mal que aqueja a otros individuos que no pertenezcan a nuestro pequeño círculo de interacción (familiares, amigos).

Vivimos en anomia. La sociedad no avanza al modo que deberíamos, y me refiero particularmente a la nuestra. Mucho (debo decir) contribuye el ambiente en el que nos encontramos. Por lado, la desesperanza que genera la clase política y todo lo que ello conlleva; desempleo, inseguridad, falta de espacios educativos, y por otro, la parsimonia nuestra, que viendo el vació de poder de quienes lo ostentan, somos omisos ante ello y dejamos de hacer lo que nos corresponde como ciudadanos que nos jactamos de ser. Recordemos que no lo somos solamente al momento de emitir un voto, lo somos a cada momento que decidimos participar solidariamente en pro de aquél que requiere algo que nosotros tenemos o, incluso, de algo tan simple como pueden ser unas palabras de aliento.

Salgamos del letargo y seamos ciudadanos visibles. La participación ciudadana es un derecho... y una obligación...


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