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viernes, noviembre 29, 2019

A UN AÑO DE LA 4T: EL FRACASO

Mucho tiempo tuvo que pasar para que al frente de este país, llegara un personaje que, decía enarbolar, una forma distinta de hacer gobierno. Muchas las expectativas generadas, muchas las ilusiones contenidas, muchos los pendientes que, ilusamente, se pensaron serían atendidos, la esperanza se desbordo y el desencanto ha sido devastador.
"Por el bien de México, primero los pobres", rezaba uno de los eslogan preferidos del entonces candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, el mismo que decía tener la fórmula para solucionar todos los problemas que aquejaban al país, y que a su juicio, sus antecesores, lejos de minar, los habían acrecentado.
A partir del 1 de diciembre de 2018, fecha en que se llevó a cabo el cambio de poderes, también se inició una etapa de regocijo para todos aquellos que remaron arduamente junto con el ahora ungido presidente, contra las aguas turbulentas de un sistema político caduco y corrupto que, una y otra vez, impidieron la postración de alguien ajeno a su entorno preferencial.
Sin embargo, la llegada de Obrador a la presidencia de la república (bajo el evidente manto del 'pacto de impunidad' entre el gobernante saliente y el entrante), representó sólo cambios superfluos y de bajo impacto, tal es el caso del abandono de Los Pinos como residencia oficial, la venta de un lujoso avión, que por cierto, nunca se vendió, la eliminación de las pensiones presidenciales, entre otros, mismos que sólo fueron una careta protectora de los graves desatinos que estaban por venir.
López Obrador más que llegar a construir, llegó a destruir estructuras de atención social que, si bien no eran del todo funcionales, sí permitían la atención irregular de las marcadas carencias de millones de ciudadanos. Entre las referidas estructuras, encontramos al sistema de salud, al cual ha desarticulado y dejado en la indefensión a una parte sensible de los que, según él, priorizaría en su gobierno: los pobres.
Mismo caso ha sucedido con el sistema educativo, al cual ha recortado recursos de manera inmisericorde, atendiendo intereses de organizaciones sindicales y dejando de lado la mejora educativa, sentenciando con ello a millones de estudiantes a recibir una deficiente formación en etapas medulares como lo es la educación básica. 
Esta dinámica de recortar recursos se ha replicado en múltiples dependencias que verán mermadas sus actividades, incluyendo organismos autónomos como el INE, al cual, la mayoría morenistas en ambas cámaras pretende su desaparición, un hecho que marcaría un serio revés a la vida democrática de nuestro país.
Lastimosamente, el desgarramiento no ha sido únicamente en cuestión de recursos, también, la intervención del Estado en la aplicación de la justicia ha sido evidente y se mantiene un férreo control sobre las autoridades encargadas de procurar dicho derecho de suyo, inalienable.
Y qué decir de la seguridad, para la cual no hay una estrategia visible que atienda este sensible rubro, más allá de la ridícula ocurrencia de "abrazos y no balazos", el aumento de los actos delictivos se han disparado a cifras récord: homicidios, secuestros, robo de hidrocarburos (que de ninguna manera ha disminuido a pesar del discurso oficial).
La Cuarta Transformación ha terminado por ser más que una transformación, un simple cambio de actores, una nueva  (y más reducida) nomenklatura cuya dirección vertical, colmada de desatinos, está destrozando las estructuras sociales y tiende a empeorar, al ir eliminando gradualmente los contrapesos institucionales, las erradas decisiones causarán estragos cada vez más severos sin que nadie pueda hacer gran cosa, pues, cooptados los poderes, la locura e improvisación, terminarán por imponerse a la razón, y eso... no tendrá un final feliz, feliz, feliz...

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