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miércoles, enero 27, 2021

CANDIDATOS BASURA, EL CIRCO DE LOS PARTIDOS


 ¿Por qué los partidos políticos apuestan cada vez más por la postulación de candidatos provenientes de la farándula y del ámbito deportivo?

Veamos. Quizá la principal herencia del PRI a los gobiernos subsecuentes de partidos diversos como el PAN, y ahora Morena, ha sido la explotación de la pobreza y la ignorancia.

Desde hace décadas, México ha sido una fábrica inagotable de pobres que, hasta el día de hoy, continúa produciéndolos en serie y a destajo.

Muchos partidos (por no decir que todos), han entendido que, no importa a quien postulen ni que ignore lo básico del quehacer público-administrativo, tampoco, que dicho candidato no tenga la menor idea de la responsabilidad de  un alcalde, un legislador, o un gobernador. Nada de lo anterior importa, hay que llevar votos y ganar curules, municipios y gubernaturas.

El resultado de esto, ha ocasionado un desastre en las políticas (y arcas) públicas, se vuelven personajes fáciles de manipular y, cuando optan por tomar las decisiones por ellos mismos, los resultados suelen ser aún peores.

Sin embargo, hay otros factores particularmente inherentes a los partidos que, los han orillado a optar por este tipo de personajes para utilizarlos como abanderados en elecciones locales y federales.

La llegada al poder, ha significado para los principales actores del partido ganador, una fuente significativa de empoderamiento, pero, también, de saqueo y olvido hacia el electorado que los encumbró. A su llegada se plantean la máxima: "el tiempo es corto y hay que aprovecharlo", y más allá de procurar el bienestar ciudadano (como es promesa en cada elección), se procuran, pero ellos mismos y a su pequeño círculo de allegados.

Por otro lado, los partidos políticos han perdido mucho el rumbo, han olvidado su ideología y sus principios, eso ha generado la pérdida de convicción y debilitamiento de sus estructuras, pues, al no contar con una estrategia de formación constante de cuadros, no hay retroalimentación ni liderazgos, el partido se contrae y se reduce considerablemente el abanico al momento de buscar postulantes a cargos de elección popular.

Esto a su vez, produce una sangría de militantes cada vez que, o no son considerados, o los resultados no son los óptimos (o ambas), reconstruyéndose en cada elección, con militantes de otros partidos y, claro, de personajes ajenos a la política, pero conocidos por su actividad pública-mediática.

Esta mezcla de desatinos, se ve reflejada en la pérdida de identidad de los partidos respecto al electorado, y, entonces, el pragmatismo se apodera de los dirigentes, llevándolos a tomar decisiones bizarras que, lejos de reivindicar a sus organismos en particular,  y política en general, los desvirtúa y propicia que las elecciones se conviertan en un circo, con malabaristas, domadores y, por supuesto, los infaltables y divertidos... payasos...

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