Día Internacional de la Mujer, un pequeño espacio de tiempo que es aprovechado por la clase política mexicana, para remembrar y aplaudir la aguerrida participación de muchas de ellas en la transformación histórica de este país; para reconocerles el enorme esfuerzo realizado que las ha llevado a ocupar posiciones anteriormente reservadas a los hombres; para mostrar indignación por la situación de marginación, maltrato y desigualdad en que siguen estando.
Lo anterior, es parte de lo que estaremos escuchando a lo largo de este día, con motivo del internacional festejo, si es que algo hubiera que festejar: emotivos argumentos para, momentánea y virtualmente, nivelar la situación de género aunque sea sólo por la vía del discurso.
Veamos lo que en la práctica sucede en el sector público, que es de donde provienen el mayor número de opiniones de hombres y mujeres respecto al tema:
En el gobierno federal, las mujeres ocupan el 10.5% de las secretarías (2 de 19) y el 22.4% de las subsecretarías. En el caso del Congreso de la Unión: las mujeres en la Cámara de Diputados alcanzan apenas el 25.8% de las curules y en el Senado, 19.7%.
Ahora veamos lo que sucede en Querétaro, donde sólo 4 de 25 diputaciones son ocupadas por mujeres, es decir, 16% de las curules, en tanto que, refiere Tribuna de Querétaro en su edición No. 529: A nivel local, el gabinete de Francisco Domínguez Servién enlista sólo a dos mujeres: una en la jefatura del el (sic) Instituto Municipal de Cultura, y otra en la Dirección del Sistema Municipal para el Desarrollo Integral de la Familia.
Durante la campaña electoral de 2009, José Calzada Rovirosa prometió que el 50 por ciento de los cargos públicos sería para el género femenino. Sin embargo, en el gabinete de 21 integrantes, sólo dos son mujeres.
Ciertamente, sigue existiendo una enorme disparidad entre hombres y mujeres no sólo en la ocupación de cargos públicos; también, y sobre todo, se observa en el seno de miles de familias al verse limitadas a realizar actividades “propias de su género”, un argumento netamente patriarcal con una carga brutal de ignorancia, que se bien ha ido en decadencia, aun se encuentra muy lejos de ser erradicado.
Sin embargo, no debe exculparse del todo a las mujeres de encontrarse en tal situación, pues también muchas de ellas son cómplices de su propia victimización, por ejemplo, hay casos (y más de los que se pueden imaginar) donde la mujer es vejada, golpeada y humillada por su pareja, y aun así, ya no digamos se atreven a denunciar, ni siquiera tienen la intención de buscar una separación o permitir que miembros de su familia intervengan para detener el maltrato del que son víctimas.
Y en el sector público, observamos recientemente dos situaciones que no pueden más que causar indignación entre las mismas mujeres, y me refiero a los casos en que algunas de ellas se prestaron como utensilios para ser inscritas para contender como diputadas y una vez obtenido el cargo, renunciar (12 de 50) para que sean ocupados por un número igual de hombres.
Qué decir de los casos en que se ha puesto a votación la criminalización del aborto en 19 estados de la República, donde las mismas mujeres, ya sea por disciplina partidista o por falta de compromiso social (me inclino por ambas), han votado a favor de dicha postura retrograda, increíble.
Considero que esta situación debe ser atendida desde un enfoque formativo, pues nos encontramos ante un problema cultural que se viene arrastrando desde hace cientos de años, y no es con buenas intenciones como se resarcirán los daños y mucho menos, se acortará la brecha en cuanto a oportunidades se refiere entre hombres y mujeres.
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