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viernes, agosto 24, 2012

TRANSPORTE PÚBLICO

Soy de las personas que suelen disfrutar enormemente el viajar en el transporte público, más concretamente, en los camiones urbanos. Quizá no lo han notado, pero en él, viajan cientos de historias a diario personalizadas por cada uno de los pasajeros que al igual utilizan este medio de transporte.
Ignoro qué tan cierto pueda ser lo que alguien me comentó hace tiempo: "el camión sólo lo utilizan los pobres", debo reconocer que encajo perfectamente en esa categoría, y me refiero a la pobreza económica, única y exclusivamente, pues hay de otros tipos de pobreza que muchos ni siquiera identifican, por ejemplo, la pobreza moral, de intelecto, de carácter, de disciplina, entre muchas otras.
Pero volvamos a los pasajeros. Resulta muy interesante y divertido, ir construyendo historias de las personas que paralelamente viajan con uno en el camión, a partir de su semblante, vestimenta o, de alguna conversación si es el caso.
Son cientos de historias, cuentos que uno tiene la oportunidad de crear en el imaginario basados en la nada, adentrarse en la vida de esas personas y caracterizarlas según nos alcance la imaginación referida. Por ejemplo, hace unos días, subió un señor de edad avanzada y ocupó el asiento contigüo al mío, el camión iba semi-vacío, esta persona viajaba con la mirana extraviada hacia el frente, no parecía mirar nada en concreto, llevaba consigo algunas pertenencias envueltas en papel metidas en una bolsa de plástico; vestía un sueter raído, pantalón color negro que daba un aspecto de haber sido usado infinidad de veces, al igual que sus zapatos.
Tal vez viva solo, tal vez tenga hijos y no lo visitan, tal vez vaya pensando qué cenará, si un café con pan, o el pollo que sobró de la comida, o quizá esté planeando cómo robar un banco, todo cabe en la imaginación, cualquiera de las premisas antes enumeradas puede usarse para comenzar con la historia de ese momento.
Cabe aclarar que no se trata de elaborar un juicio de las personas en cuestión, es simplemente un ejercicio de imaginación donde nadie sale lastimado y en cambio sí, se aligera el viaje y se logra una distracción que sólo pudo darse en esos precisos momentos y en esas circunstancias.
Mucha gente prefiere usar sus propios vehículos para transportarse, aun cuando no les resulte tan cómodo; tienen la creencia que el automóvil da estatus y saben qué... tienen razón. En una sociedad como la nuestra, que es la segunda más desigual del mundo en cuanto a la distribución de la riqueza y de las más pobres en nivel educativo, esa torpe creencia encuentra un fuerte razonamiento, pues siendo ignorantes, la única forma en que podemos mostrarnos superiores a otras personas es con algo material y el automóvil, es un transportador de vanidad y egolatría, estupendo.
En países de primer mundo como Francia, Alemania, Italia, Holanda, Suecia, entre muchos otros, el uso de la bicicleta es igual o más común que el automóvil; lo mimo la usan estudiantes que gerentes y empresarios de alto rango, ¿qué pasa ahí? que la cultura es diametralmente distinta a la nuestra, que siendo países con niveles académicos muy altos entre sus ciudadanos, lo que les importa no es cuál vehículo adquieren como sí lo es es hacerse notar en base a sus logros, o acaso creen que es casualidad que los máximos exponentes de todas las culturas tengan su origen en el viejo contienente, no, desde luego que no.
Por eso, la idea de los domingos en bicicleta y la renta de las mismas en el Centro Histórico de esta ciudad (primero implementada hace años en el DF) me parece estupenda, pues no sólo libera las cada vez más trastornadas y estranguladas vialidades, también, promueve el ejercicio y la cultura de la no contaminación... a usar la bici...

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