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jueves, septiembre 06, 2012

PREGUNTAS FILOSÓFICAS


 
Las cosas no estaban resultando tal y como yo las esperaba, de hecho, la situación se aproximaba a un punto de quiebre al cual llegaría irremediablemente al paso del tiempo, y que se vislumbraba tendía a empeorarse aún más.

Muchos se daban cuenta de lo que pasaba, mas ya fuera por ignorancia, comodidad, cobardía u omisión consentida, no se atrevían a hacer mención ni mucho menos a replicar las nefastas decisiones que el “jefe” ejercía día a día y que engendraban mayores conflictos, causas per se, de la verdadera desestabilización.

Hablar sobre el fondo de este asunto amerita de un escrito aparte que sin duda abordaremos en otro momento; por ahora nos avocaremos al tema central y que deviene de la pregunta que una persona (mujer) me realizó hace ya casi dos años y que en su momento no le di respuesta cabal.

¿El poder vuelve corruptas a las personas, o son estas últimas las que llegan corruptas al poder?

 
Obviamente que la pregunta contaba con un destinatario; pero contestar de manera particular dicha cuestión resultaba muy sencillo, categóricamente le respondería que la persona origen de este dilema, llegó al poder siendo un “corruptazo”, no tengo duda de ello y para quienes lo han visto actuar, a la distancia les debe resultar claro.

Sin embargo, la pretensión es proyectar una respuesta que en términos generales satisfaga todos los casos, y para ello, debe abordarse el tema desde un enfoque axiológico.

La hipótesis que sostengo es que el poder no corrompe, el que actúa deshonestamente bajo el manto del poder, sea éste con márgenes grandes o chicos, es porque ya llegó corrupto al mismo.

El poder reviste liderazgo, alto sentido de responsabilidad, honestidad, visión y convicción, principalmente, cuando una persona accede al poder carente de una sola de las características antes enumeradas, nos encontramos ante un líder con una potencial tendencia a la corrupción.

Se pensará que no es lo mismo el poder de un presidente de la república al de un dirigente de cualquier organización social, y es verdad, de hecho, y para el caso de México, un tema que ha generado un amplio debate entre los analistas políticos, es precisamente el de los poderes “metaconstitucionales” a disposición del presidente en turno.

Sin embargo, independientemente a la investidura, si quien llegue a cubrir tal o cual puesto, o a ejercer cierto liderazgo, lo hace con nula, o deficiente adquisición de valores morales, la corrupción, sin duda aparecerá en cualquier momento, y aquí una acotación puntual, no importa que la persona no haya cometido con anterioridad actos de corrupción, si carece de valores, la persona llega corrupta al poder, por supuesto.



Uno de los casos emblemáticos y que se difunde actualmente por todo el mundo a través de las redes sociales, es el del presidente de Uruguay, quien dona el 90% de su salario a causas sociales, vive en una casa modesta y maneja un viejo “vocho”, es actuar en congruencia y convencido que la verdadera riqueza es la trascendencia, el legado que uno deja tras de sí, y no el embolsarse lo que uno más pueda.

A pesar de contar con los elementos bibliográficos necesarios para defender la hipótesis planteada, en este momento solamente quería manifestar mi posición respecto a la pregunta que le adeudaba a esa persona, a quien por cierto, le costó caro el darse cuenta de las prácticas de corrupción que en aquél lodazal se realizaban y que hoy, se llevan a cabo al más alto nivel, comenzando por aquéllos que se dicen poseedores de una “trayectoria”, sí, la de un vulgar ladrón… ¡¡¡Vaya trayectoria!!!

 

Pregunta (medio) saldada... un abrazo fraterno y sigue pendiente ese café…

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy bien esa parte (medio) saldada de la respuesta. Conforme pasa el tiempo y vemos las cosas desde una perspectiva más lejana nos damos cuenta de las cosas que aprendimos, si tal precio fue para convertirnos en mejores seres humanos, es un precio que ha valido la pena pagar. Los ideales y las convicciones no se pierden, simplemente se buscan distintos caminos para llegar a ellos, sin vender o sin pender la esencia que tenemos como personas. Un abrazo