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domingo, marzo 10, 2019

BITÁCORA DEL CAPITÁN: DÍA 100

El pasado 1 de julio de 2018, la embarcación "Morena" capitaneada por Andrés Manuel López Obrador, llegó con un poder inconmensurable a tomar las riendas del país, y con ello, echar a andar las propuestas que, durante más de 18 años en campaña, difundió en sus múltiples recorridos a lo largo y ancho de la república.
El jubilo del arribo del tabasqueño a la presidencia, fue menor a las expectativas entre la ciudadanía; sin embargo, para muchos de sus simpatizantes, muy pronto les quedó claro que no serían cumplidas y, por el contrario, su comportamiento, sería muy similar al de sus antecesores.
Rápidamente Obrador acudió a los simbolismos para mostrar a sus seguidores que cumpliría cabalmente sus promesas: dejó la residencia de Los Pinos, bajó salarios de altos funcionarios, se deshizo del ostentoso avión presidencial, entre otras acciones que, en teoría, serían la bandera que caracterizaría su administración. No ha sido así en la práctica.
El desencanto comenzó con una desaseada "consulta" ciudadana para -según AMLO-, determinar si se cancelaba la construcción del NAIM en Texcoco, o se procedía con su cancelación. Por supuesto, con todo el aparato de estado al servicio de esta malograda "consulta" y, aprovechando el seguimiento dogmático de un amplio sector de la población hacia lo dicho por Obrador, era predecible que la primera opción resultara ganadora, aun cuando la respuesta ciudadana fue ínfima y el ejercicio "democrático", un desastre.
Posteriormente, AMLO dio a conocer en números exorbitantes que representaban pérdidas al erario, de la gasolina que era sustraída ilegalmente no sólo de varios gasoductos abastecedores del hidrocarburo, sino, incluso, de las mismas instalaciones de Pemex. El huachicoleo era de tales dimensiones, que se tomó la medida de cerrar dichos ductos, lo cual, generó graves problemas a la población civil, como a la industria y el comercio.
A pesar de citar la identificación exacta de lugares donde se gestaba este delito, nunca se pronunció por investigar y menos aún, procesar a nadie, lejos de ello, señaló que no era su intención perseguir a nadie. Un duro golpe a sus seguidores consientes que veían en este gobierno la aplicación de la justicia como un distintivo. 
Llegaría la tragedia de Tlahuelilpan, Hidalgo, donde perdieron la vida más de 130 pobladores a causa de la explosión de un ducto, al cual "ordeñaban" a la vista de soldados y elementos federales, sin que éstos disuadieran ni advirtieran a las personas que se encontraban robando el combustible.
Al tiempo, salieron a la luz los suntuosos departamentos que varios de sus colaboradores poseían (y trataron de ocultar), comenzando con esto, el desvanecimiento de uno de los máximos símbolos que Obrador trató de vender como práctica de gobierno: la transparencia.
La mutación del AMLO oposición al AMLO presidente resultó rápida y evidente. Las promesas del candidato comenzaron a naufragar cuando el AMLO presidente decidió desmantelar instituciones de carácter social. Sin embargo, la más absurda  por la historia que representa, se significó con la cancelación del apoyo a las estancias infantiles, un logro emblemático de la lucha obrera y que representaba un gran apoyo, principalmente, al sector femenino del país. Y como ésta, fueron varias las decisiones controvertidas que, en más de una ocasión, tuvo que recular argumentando (torpemente) "errores de dedo", como el caso del recorte presupuestal a las universidades y la cancelación de su autonomía.
Obrador es un personaje con un manejo en la toma de decisiones totalmente vertical. No hay contrapesos en su gabinete ni en su partido, y no quiere que los haya en la oposición, en los medios ni en las instituciones. Quiere mantener control sobre todo, llevando a la práctica acciones contrarias al quehacer democrático que tanto pregonó, corriendo el riesgo de transformarse del líder carismático que algún día fue, al gobernante déspota, autoritario y carente de razón al que parece encaminar de no recomponer el rumbo.
Si bien es cierto que su popularidad se ha mantenido (incluso incrementado) en estos primeros 100 días de gobierno, cierto también es que esto no es sinónimo de una buena administración. Su actuar sigue siendo la de un candidato. Se encuentra en una burbuja sostenida por su popularidad y no por efectividad. Hay incertidumbre entre inversionistas, y decepción en el sector consiente de sus seguidores. 
Se vislumbra un panorama poco alentador en cuanto a la Guardia Nacional, no hay plan estratégico y los homicidios siguen al alza. No se ha cansado de abrir frentes con sus descalificaciones a quienes no piensan como él, lo cual mantiene polarizado al país. Se ha pasado repartiendo culpas a administraciones pasadas y no aceptando las propias. Acusa públicamente un día sí, y el otro también, pero no hay denuncias sobre nadie. Las prácticas de gobierno han sido exactamente las mismas a las de sus antecesores en no pocos rubros, ejemplo de ello, el reciente nombramiento como magistrada de Jasmín Esquivel, esposa de su cercano colaborador José María Riobóo.
Son 100 días que, si como en política se presupone, habrán de marcar la gestión de la presente administración por el resto del sexenio, no parece que nos espere un futuro muy prometedor... 

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