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domingo, mayo 24, 2009

REPORTE ESPECIAL



¿Qué calibre quiere?

Rifles de todos los calibres, lanzagranadas, pistolas de tamaños inimaginables, armas decoradas estilo art narcó, artefactos color rosa, Jeeps con ametralladoras que espantan, cartuchos al gusto del cliente… Lo que desee aquel a quien le guste jalar el gatillo, pase lo que pase y para lo que sea. La gigantesca exposición organizada en el Centro de Convenciones de Phoenix, Arizona, en el paralelo a la 138 Reunión Anual de la Asociación Nacional del Rifle, ofreció todas las marcas provenientes de todos los países que disponen de una “industria de la muerte”. En 500 salas, del 15 al 17 de mayo, miles de asistentes –hombres, mujeres y niños –disfrutaron de su particular gusto: acariciar las armas, apuntar con ellas y, quizás, hacer pedidos a futuro…
Por J. Jesús Esquivel
Proceso 1699/24 de mayo de 2009

PHOENIX, ARIZONA.- Pese a las víctimas fatales de la narcoviolencia y al problema de la inseguridad que padece la sociedad mexicana, la venta de armas en Estados Unidos no se detendrá…
“Nadie, repito, nadie, y mucho menos un país extranjero como México, va a intervenir para modificar nuestro derecho constitucional de comprar o portar armas para defender nuestra integridad (física)”, dijo John Bolton, quien fuera controvertido subsecretario de Estado y embajador del gobierno de George W. Bush ante la Organización de las Naciones Unidas, frente a unas 8 mil personas –cientos de ellas con un arma al cinto- que le aplaudían.
“El gobierno de México se queja de que la mayoría de las armas que utiliza el narcotráfico mexicano entran a su territorio por la frontera sur de Estados Unidos. Eso es mentira, y en todo caso, si fuera cierto, en lugar de exigir que se violen nuestros derechos deberían acabar con la corrupción de su servicio de aduanas, que permite el ingreso ilegal de las armas”, subrayó Bolton, lo que provocó gritos, aplausos y chiflidos de aprobación en el atiborrado Centro de Convenciones de Phoenix, el viernes 15 de mayo, en la 138 reunión anual de la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA).
El reclamo que el presidente Felipe Calderón hace constantemente al gobierno estadunidense para que participe más en el combate al consumo de drogas y al tráfico de armas entre ambos países data formalmente del 14 de marzo de 2007, cuando se reunió en Mérida con su entonces homólogo George W. Bush.
Y si bien el gobierno estadunidense, primero con Bush y ahora con Barack Obama, se compromete de palabra a redoblar sus esfuerzos y la cooperación con México en esa materia, las autoridades de aquel país no han osado reformar las leyes que facilitan a todo ciudadano estadunidense la compra y portación de armas de cualquier calibre, potencia y alcance, debido a los millones y la influencia política que despliegan los fabricantes de armas para defender sus intereses.
El discurso de Bolton en la reunión de la NRA dejó satisfechos a John C. Sigler y Wayne R. LaPierre, respectivamente el presidente y el vicepresidente de la agrupación. Bolton sólo hizo explícito el mensaje al gobierno de Calderón: la venta de armas en Estados Unidos no se detendrá.

Fiesta de las armas

Del 15 al 17 de mayo, el Centro de Convenciones de Phoenix se transformó en un templo de las armas. Más de 10 mil estadunidenses y extranjeros acudieron a admirar, probar y comprar –con pedidos a futuro- los más recientes productos de la industria de las armas.
“Es maravilloso, no hay nada igual en el mundo”, dice con fascinación a Proceso Mark Rideyholmes, un contratista de la construcción que viajó desde el estado de Maine para “probar los nuevos rifles calibre 5.56 milímetros”, que en Estados Unidos se utilizan en competencias de tiro pero en México forman parte del arsenal de los narcotraficantes para intimidar a la población y repeler a la policía y al Ejército.
“¿A quién le importa lo que digan? Yo estoy en mi país y tengo el derecho de comprar y portar armas”, opina a su vez Jerry McColm, un ganadero texano que bajo su chaleco de cuero deja ver la sobaquera con una pistola 9 milímetros.
Con miles de armas de todo tipo y calibre en exhibición, además de municiones, equipo, accesorios y hasta automóviles adaptados para portar armamento de alto calibre, el Centro de Convenciones de Phoenix fue un parque de diversiones para los aficionados, que en más de 500 salas de exhibición disfrutaron de videos y conferencias sobre el uso y portación de los últimos modelos de armas de fuego.
Algunos veteranos del rifle llevaron a sus hijos para que se familiarizaran con la subcultura del armamentismo privado estadunidense.
En un escritorio de unos 50 metros de largo, 20 empleados de la NRA apenas se daba abasto para registrar a os nuevos integrantes. “cuesta 500 dólares la membresía vitalicia”, ofreció al reportero uno de estos promotores. Los menores de edad sólo pagaban 240 dólares.
Más de 95% del público fue anglosajón, que es el perfil característico de la NRA. Pero algunos afroestadunidenses, asiáticos e hispanos también se veían eufóricos de tener tanto poder de fuego a su alcance. Después de todo, cualquier persona que pagara los 25 dólares del boleto podía, como cualquier miembro de la NRA, admirar, sopesar y probar sin balas los recientes y mortíferos productos de lo que algunos detractores llaman la industria de la muerte.
En la administración Bush, más de dos tercios de los 435 miembros de la Cámara de Representantes y 100 senadores, lo mismo que el vicepresidente, Dick Cheney; el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y otros funcionarios formaron parte de la NRA. No es de extrañar que consiguiera neutralizar uno tras otro los proyectos de ley para restringir la venta de armas de fuego y eliminar la enmienda Tiahrt, que protege a la industria de verse responsabilizada por el uso de sus productos en crímenes.

Pistolandia

En México, las armas automáticas o semiautomáticas son de uso exclusivo del Ejército. En varias ciudades de Estados Unidos pueden ser adquiridas por cualquier persona mayor de 18 años.
En la 138 Reunión Anual de la NRA cientos de fabricantes exhibieron y vocearon sus rifles automáticos, semiautomáticos y pistolas. La diferencia de precio entre las marcas que fabrican las pistolas calibre .50 BMG (las famosas “matapolicías” de los narcotraficantes mexicanos) es de unas cuantas decenas de dólares. Otras armas de este calibre van desde 750 hasta 9 mil dólares, dependiendo de su complejidad y alcance.
“Ofrecemos lo más avanzado para las fuerzas armadas. Tenemos todo: calibre .50 BMG, 5.56 milímetros y muchas más”, se jacta Bárbara Sadowy, directora de mercadeo de FNH USA, LLC., empresa fabricante de armas y subsidiaría del grupo belga Herstal.
Añade: “Tenemos el mismo calibre en las armas del departamento comercial, es decir; las que se fabrican para el consumo común de quienes las adquieren para proteger su seguridad personal”.
En la reunión de la NRA hubo también modelos en bikini, con una pistola calibre 45 en la cintura, un minirrevólver 38 en el sostén y un rifle calibre 30-06 cruzado en la espalda. Con este peligroso atuendo las rubias se contoneaban al ritmo de la canción Born in the USA, interpretada por Bruce Springsteen. Por cierto, este cantante figura en la lista negra de la NRA-ILA (Instituto de Acción Legislativa) como una de las celebridades que ha osado apoyar con su fama a la causa antiarmamentista.
Pero la máxima atracción del encuentro fueron las armas de mayor calibre. La empresa FNH USA, LLC., le adaptó artillería a un Jeep deportivo en la parte trasera y a los lados. El resultado fue un artefacto que parece extraído de un videojuego ultraviolento.
Con este Jeep, a los miembros de crimen organizado no les hace falta imaginación para enfrentar a los policías y soldados mexicanos, comentó el reportero a un vendedor de FNH USA, LLC., quien se limitó a sonreír irónicamente.
Miles de personas apuntaban con todo tipo de cañones y miras hacia el techo d lCentro de Convenciones para probar la comunidad de las armas. Los dirigentes de la NRA y las autoridades de Arizona se frotaban las manos, ya que a pesar de la profunda recesión que padece su país, la reunión de la NRA le dejó ganancias por unos 70 millones de dólares a los comerciantes de Phoenix, según los cálculos de la Cámara de Comercio local publicados el domingo 17 en el periódico The Arizona Republic.
Fueron infructuosos los múltiples intentos de conocer el monto de las ventas a futuro que lograron los fabricantes de armas en los tres días de la convención. “Es información confidencial”, respondieron todos los representantes de armerías consultados.
Los asistentes a las fiesta de la NRA, que llenaron los hoteles de Phoenix, consideran intocable la Segunda Enmienda Constitucional que permite a los ciudadanos estadunidenses comprar y portar armas para su seguridad personal. Por eso, los que no pudieron comprar lo que deseaban en el Centro de Convenciones, se llevaron decenas de catálogos que les obsequiaron las armerías para que después hagan su pedido por internet o por teléfono.
Tal vez fue el calor –entre 41 y 43 grados centígrados en los días del tianguis de armas-, lo cierto es que nadie se manifestó contra la venta y portación de armas, como suele suceder en los actos de la NRA.
A cinco o seis kilómetros del Centro de Convenciones, el cónsul general de México en Phoenix, Carlos Flores Vizcarra, respondió a las declaraciones de John Bolton: “Le corresponde a ambos países hacer la tarea permanente de entender el génesis del tráfico de drogas y el pernicioso efecto del tráfico de armas y dinero. Pero los diálogos se tienen que hacer con respeto, no con majaderías”.

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