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jueves, febrero 19, 2015

EL PRI EN QUERÉTARO... NAUFRAGIO ANUNCIADO

Los cálculos dentro la cúpula priista en el estado de Querétaro, deben ser bastante malos para su causa, a grado tal, que han decidido buscar -urgentemente- concretar una alianza con el Partido del Trabajo (PT) de cara al próximo proceso electoral, pretendiendo con ello, darle un impulso (que no pudo lograr en tres años) al virtual candidato del PRI a la gubernatura del estado, Roberto Loyola Vera.
En el discurso, la dirigencia tricolor visualiza el triunfo de su candidato; sin embargo, en la práctica se allegan de un partido que carece de estructura territorial y electoral, tan es así, que este ecléctico  y bisagra partido no cuenta con registro en la entidad; es decir, no tiene representatividad ante los órganos electorales locales.
El anterior, así como los débiles candidatos que postulará en posiciones importantes, no son los únicos indicios que presagian la pérdida de la gubernatura del estado de Querétaro; sin embargo, parece que ahí no terminarían los infortunios para este partido, ya que su caída se prevé pudiera ser estrepitosa, al perder no sólo la gubernatura ya mencionada, sino a la par, dejaría de gobernar los municipios de San Juan del Río y Querétaro, sin contar los de Corregidora y El Marques, hoy en manos del PAN y que todo parece indicar así seguirán.
Esto le sucederá al PRI por haber sido gobiernos distantes, apáticos,  por haber desatendido las voces de la ciudadanía; por haber incrustado en la estructura de gobierno, a personajes sin arraigo, sin arrastre y, peor aún, sin capacidad; por caer en sus propias trampas, de creer lo que los medios locales dicen y publican, cuando el pulso está en las colonias, en las fabricas, en los mercados, con los estudiantes, con las amas de casa, con el obrero, no con las diligenciaras, el voto corporativo ya no funciona, y, por si algo faltara, por pertenecer al partido de quien gobierna al país, un sujeto ignorante, torpe, a quien le acompaña el signo de corrupción y el incremento brutal de la inseguridad que se ha dado durante su administración.
Se avecina (a pesar de los inocuos pactos de civilidad) un cruce tremendo de campañas de desprestigio entre candidatos de unos y otros partidos (los punteros principalmente), y no debe sorprenderos, la mal llamada guerra sucia, se encuentra plasmada en libros y es instruida en los más avanzados cursos de marketing político. Ni modo, como diría Cristina Pacheco... aquí nos tocó vivir...

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