SE REANUDA LA LIGAMX LEÓN VS MAZATLÁN

domingo, febrero 08, 2015

REPORTE ESPECIAL

En este sexenio 13 desaparecidos al día
Nunca como en los dos primeros años del gobierno de Enrique Peña Nieto han desaparecido mexicanos en el país: 13 cada día. Uno cada hora con 52 minutos. Y 40% de ellos son jóvenes de entre 15 y 29 años... Dos bases de datos -una elaborada por el gobierno de Felipe Calderón, otra por el de Peña Nieto- arrojan cifras y tendencias estremecedoras en torno a los desaparecidos en México. La maestría en periodismo y asuntos públicos del CIDE y Proceso presentan, con los auspicios de la Fundación Omydiar Network, esta amplia investigación sobre el tema, que está en el centro de la agenda nacional y expone la profunda crisis de justicia y derechos humanos que sufre el país.

Por Humberto Campa
Proceso 1997 / 8 de febrero de 2015

Durante los primeros 22 meses de Enrique Peña Nieto desaparecieron o se extraviaron 9 mil 384 personas, lo que equivale a 40% de los 23 mil 272 casos de desaparición oficialmente registrados entre enero de 2007 y octubre de 2004. Es decir, cuatro de cada 10 desapariciones en los últimos siete años ocurrieron durante los dos primeros de la actual administración.
Si entre 2007 y 2012, en el sexenio de Felipe Calderón, desaparecieron seis mexicanos al día; entre 2013 y 2014, en el de Peña Nieto, desaparecieron más del doble: 13 al día. Con Calderón se extraviaba o desaparecía un mexicano cada cuatro horas con cinco minutos; con Peña Nieto ello ocurre cada hora con 52 minutos.
Estas son algunas de las cifras que arroja la base del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED) correspondiente al periodo de 2007 a octubre de 2014. Dicha base de datos fue elaborada por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) después de "depurar" una previa: la heredada del gobierno de Calderón y en la cual hay 26 mil 569 casos de personas extraviadas o desaparecidas.
Ambas bases de datos -obtenidas por José Merino, profesor del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y quien las facilitó para la elaboración de este texto- ofrecen información reveladora sobre un tema que a partir de la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero, se ha colocado en el centro de la agenda nacional.
El hecho, ocurrido el pasado 26 de septiembre, sacudió a la sociedad mexicana, y entre otras consecuencias ha vuelto a dar visibilidad a la profunda crisis que el país enfrenta en materia de justicia y derechos humanos.

Crecimiento exponencial

Las dos bases de datos demuestran que a partir de 2007 hubo un crecimiento sostenido de las desapariciones, que alcanzó un pico en 2001. La del gobierno de Calderón indica ese año desaparecieron o se extraviaron 7 mil 827 personas; la de Peña Nieto señala 3 mil 312 personas. En el primer caso el crecimiento respecto a 2007 fue de 510%; en el segundo, de 429%.
Ambas coinciden en que hubo un descenso en 2012, pero ese año termina el registro por parte de la administración de Calderón (RNPED 2007-2012), mientras el del gobierno de Peña Nieto (RNPED 2007-2014) continúa dos años más y muestra que hubo un nuevo incremento a partir de 2013; 2014 fue el de más desaparecidos o extraviados de los últimos siete años: 4 mil 936 de enero a octubre.
Paradójicamente este aumento de desapariciones contrasta con una baja en homicidios dolosos: Según los datos del SNSP en 2014 hubo 14 mil 413 asesinatos, 27% menos que en 2012, último año del gobierno de Calderón. En otras palabras, en el de Peña Nieto son asesinados menos mexicanos pero desaparecen más.
Las dos bases de datos coinciden en que se han extraviado o desaparecido más hombres que mujeres -60% en el registro del gobierno de Calderón; 71% en el de Peña Nieto- y en que la mayoría son jóvenes: 33% de 15 a 29 años, según el RNPED de Calderón; 39.5%, según el de Peña Nieto.
Un dato que llama la atención de la base de Peña Nieto es que uno de cada 10 desaparecidos (11.3%) es un niño de entre 0 y 4 años.
Entre los jóvenes desaparecidos en el rango de 15 a 29 años sobresale otro dato: el RNPED de Calderón indica que más de la mitad (54%) son muchachos y muchachas de entre 15 y 19 años; en el de Peña Nieto ese dato desciende a 40.6%.
A su vez, la base de datos del gobierno de Calderón muestra que el Distrito Federal es, con mucho, la entidad federativa donde desaparecieron más mexicanos entre 2007 y 2012: 7 mil casos (29%); en cambio, en el gobierno de Peña Nieto la entidad con más desaparecidos entre 2007 y 2014 es Tamaulipas: 5 mil 293 casos (23%).
El RNPED de Calderón indica que cinco entidades federativas concentraron 64% de los casos registrados como extraviados o desaparecidos en el país: Distrito Federal (29%), Estado de México (11%), Tamaulipas (10.5%), Jalisco (8.5%) y Coahuila (5%). En el de Peña Nieto, poco más de la mitad de los casos también se concentran en cinco estados: Tamaulipas (23%), Jalisco (9%), Estado de México (7.5%), Coahuila (6%) y Sinaloa (6%).
En ambas bases Guerrero es una de las entidades con menos casos: 257 (1%), según el registro del gobierno de Calderón; 590 (2.5%), según el de Peña Nieto.
Incluso los municipios guerrerenses de Iguala y Cocula registran muy pocos casos: ocho en el RNPED de Calderón; 102 en el de Peña Nieto. Esta última cifra ya incluye a los 43 normalistas de Ayotzinapa, pero no a decenas de desaparecidos reportados por sus familiares en noviembre pasado, una vez que la Procuraduría General de la República (PGR) abrió un módulo de atención a la ciudadanía en la iglesia de San Gerardo, en Iguala. Con dichos reportes, el número de desaparecidos aumentó a 207 en esos dos municipios.
Con todo, las cifras anteriores son pequeñas en comparación con las de los municipios donde ha habido más desapariciones: las delegaciones Iztapalapa (mil 168 casos) y Gustavo A. Madero (803) en el Distrito Federal; y Matamoros (758 casos), Tamaulipas, de acuerdo con el RNPED de Calderón. O Matamoros (mil 422 casos), Nuevo Laredo (929) y Reynosa (864), Tamaulipas, de acuerdo con el de Peña Nieto.
Sin embargo, si se pondera el número de desaparecidos en función del tamaño de la población (tasa de desaparecidos por cada 100 mil habitantes), los municipios donde más han desaparecido mexicanos son Matamoros (tasa de 154.9 por cien mil), la delegación Cuauhtémoc (131.6 por 100 mil) y Nuevo Laredo (124.4 por cada 100 mil), según la base de Calderón. En la de Peña Nieto los municipios con más desaparecidos son Matamoros (290.6 por 100 mil), Nuevo Laredo (241.9 por 100 mil) y Reynosa (141.8 por 100 mil), en Tamaulipas.

Perfil de desaparecido

Con base en la frecuencia en los casos es posible esbozar el perfil básico de un desaparecido en México. El registro del gobierno de Calderón indica que se trata de un muchacho de entre 15 y 19 años desaparecido en 2011 en la delegación Iztapalapa, Distrito Federal; o bien, de acuerdo con el registro del gobierno de Peña Nieto, un joven igualmente de entre 15 y 19 años que desapareció en Matamoros o en Nuevo Laredo, Tamaulipas, en 2014.
Para el primer caso José Francisco Flores Bermúdez es un ejemplo representativo: tenía 18 años cuando desapareció el 1 de julio de 2011 en la colonia Vicente Guerrero, Iztapalapa. Su ficha informativa -que se puede ver en la página de búsqueda del Centro de Apoyo a Personas Extraviadas y Ausentes, de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal- lo describe como un joven de complexión delgada, 1.68 metros, tez morena clara, mentón oval, cabello negro, ojos pequeños de color café oscuro.
Cuando desapareció vestía pantalón de mezclilla azul marino, playera de varios colores y tenis blancos con figuras negras. En su fotografía aparece de tres cuartos de perfil con el rostro lampiño y el cabello alborotado. Sostiene con su mano derecha el auricular de un teléfono que pega a la mejilla.
Para la base de datos del gobierno de Peña Nieto, un caso representativo es el de  Jorge Jiménez Gómez: de 15 años, desaparecido el 14 de abril de 2014 en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Su ficha informativa -que se encuentra en la página web del Programa de Apoyo a Familiares de Personas Extraviadas, Sustraídas o Ausentes, dependencia de la PGR-, apunta que mide 1.70, tiene tez morena clara, ojos medianos de color café oscuro y cabello lacio castaño oscuro. Apunta una seña particular: tiene un tatuaje en uno de sus tobillos. Su fotografía lo muestra de frente. Una tristeza vaga se refleja en su mirada y su semblante. Sobre el labio superior aflora un incipiente bigote.
También es representativo el caso de Eduardo Escudero Flores, de 18 años, quien desapareció el pasado 13 de junio en Matamoros, Tamaulipas. Es pescador y se dirigía a su casa después de ayudar a descargar una lancha con mariscos. Iba en una camioneta junto con Cuauhtémoc Rodríguez Aguilar y Julio César Martínez Loredo. Este último, de 22 años, es ciudadano estadunidense y capitán de un buque pesquero.
De acuerdo con los familiares de los pescadores, los jóvenes fueron detenidos por miembros de la Marina cuando circulaban por la carretera Costa Azul, a la altura del kilómetro 16, frente a un ejido llamado El Refugio.
Juana Flores Pérez, madre de Eduardo, acudió a la zona naval de Matamoros junto con familiares de los otros dos pescadores. Los oficiales les negaron que estuvieran ahí, a pesar de que frente a las instalaciones estaba la camioneta en la cual viajaban los jóvenes.
El pasado 3 de julio ella y una veintena de familiares y amigos de los pescadores se presentaron a la entrada del hotel Holiday Inn donde el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, encabezaba la tercera reunión del Gabinete de Seguridad Nacional.
En las fotos que publicó la prensa local se les ve gritando hacia la entrada del hotel, mostrando cartulinas con letreros elocuentes: "Marinos, regrésenme a mi hijo"; "Quiero a mi hijo. Lo tienen los marinos". Pero ni Osorio Chong ni el gobernador de Tamaulipas Egidio Torre Cantú, los recibieron.

Tragedias detrás de las cifras

Y es que detrás de los números hay historias trágicas de familiares que esperan a los seres queridos que no han regresado a sus hogares: el padre que salió de la oficina, la madre que venía del supermercado, la hija o el hijo que iba camino de la escuela.
A las 18:30 horas del 10 de octubre de 2010 Cristopher Ortiz Jiménez - de 33 años, exlocutor de programas musicales de radio, promotor de música metalera y administrador del bar TQM, en la colonia Del Valle de la Ciudad de México- salió del hotel Sierra Nevada, en Tlalnepantla, Estado de México. Había estado ahí con su novia Nashla y le prometió regresar por ella tres horas después. Le dijo que tenía una cita en la calle Madero, en el Centro, que se iba a encontrar con una persona llamada Enrique Salazar.
Viajaba su BMW-3251 azul, modelo 2009. A las 19:30 horas circulaba sobre el Periférico cuando llamó por su celular a sus abuelos maternos. Lo escucharon contento. Les dio la noticia de que Nashla estaba embarazada y planeaba casarse con ella. Casi una hora después -a las 20:30 horas- recibió una llamada de siete minutos de Héctor Daniel Díaz Bonilla, gerente del TQM. Pero Cristopher no llegó a su cita en el Centro ni regresó después por Nashla... simplemente desapareció.
Su madre, Georgette Jiménez -quien cuenta la historia al reportero-, ha presentado tres denuncias por la desaparición de su hijo: una ante la Procuraduría de Justicia del Estado de México, otra ante la del Distrito Federal y una más ante la PGR. Cuatro años después ninguna ha prosperado y la investigación sobre lo que le pasó a su hijo "ha quedado empantanada", dice. Incluso, Georgette puso a disposición del ministerios públicos y policías investigadores las sabanas de las llamadas del celular de Cristopher, que ella consiguió por sus propios medios.
"No utilizaron esa sábana para rastrear el historial de llamadas de su celular, no localizaron su aparato telefónico cuya línea siguió registrando actividad hasta abril de 2013, no investigaron a Salazar, la persona con la que se iba a encontrar, ni a Díaz Bonilla, el gerente del bar; no solicitaron los videos de las cámaras de vigilancia que hay en Periférico... ¡No han hecho nada!", se queja, desesperada.
En la base de datos "depurada" del RNPED 2007-2014 están registrados como como desaparecidos Jocelyn Mabel Ibarra Buenrostro y su hermano David Joab. En la página we del Programa de Apoyo a Familiares de Personas Extraviadas, Sustraídas o Ausentes, adscrito a la PGR, aparecen sus fotografías y fichas informativas.
La foto de Mabel muestra su rostro de tres cuartos. Viste una blusa a rayas negras con blanco. De su oreja derecha pende un largo arete. Una diadema le recoge el pelo oscuro y lacio. Sus ojos desafían al lente de la cámara.
Su ficha informativa: "Expediente 1000/EXT/2011. Sexo: femenino. Edad: 31 años, 4 meses 17 días. Estatura: 1.64 meses. Tez: morena clara. Ojos: café oscuro. Tipo de ojos: medianos. Cabello: lacio. Fecha de nacimiento: 14/07/1983 (...) Lugar y fecha del extravío: municipio de Cadereyta, Nuevo León, el 15 de noviembre de 2010".
La foto de su hermano lo exhibe de frente. De hombros anchos y cuello grueso, viste una camisa negra. Su rostro muestra un bigote y una barba rala de candado. Su mirada es ausente, como si no tuviera conciencia de que lo enfoca una cámara.
Su ficha informativa que tiene poco más de 30 años, que mide 1.70, que es de tez blanca, de ojos medianos color café oscuro, que su cabello es castaño oscuro y ondulado, que tiene como señas particulares una cicatriz de la ceja izquierda y que utiliza brackets. Informa también que se "extravió" en el mismo municipio que su hermana -en Cadereyta-, sólo que escasos tres días después: el 18 de noviembre de 2010.
La desaparición de los hermanos Ibarra fue retomada por la organización Huma Rights Watch (HRW) en su informe Los desaparecidos en México (publicado en febrero de 2013) como un caso típico de negligencia por parte de las autoridades encargadas de la procuración de justicia.
De acuerdo con HRW el 13 de noviembre de 2010 un grupo de hombres armados secuestro a David Ibarra Ovalle, de 56 años, propietario de una empresa de transporte, y a su esposa, Virginia Buenrostro, de 52 años, en la finca que ambos poseían en Cadereyta.
Dos días después -15 de noviembre de ese año- los secuestradores metieron en un vehículo a la pareja para trasladarla a una casa de seguridad. En el camino se cruzaron con un convoy del Ejército. Uno de los militares les marcó el alto. Se inició una balacera. Dos de los captores murieron y el resto escapó. Dejaron a la pareja en la parte de atrás del vehículo, vendados y esposados.
En lugar de liberarlos, los soldados los mantuvieron en el vehículo durante las casi cinco horas que duró el "aseguramiento" del lugar. La pareja rogó a los militares que los liberara o que enviaran soldados a su finca debido a que ahí se encontraban otros miembros de la banda de secuestradores. Temían que sus hijos -con los que no se había comunicado durante los dos días que había durado su secuestro- fueron a buscarlos a la finca. "Sin embargo, los soldados les dijeron que no podían ir a la finca en Cadereyta sin órdenes y, en cambio, los trasladaron hasta el Ministerio Público.
Cuando llegaron ahí esa noche, Ibarra y Buenrostro volvieron a explicar  que eran víctimas y rogaron a los agentes de la PGR que enviaran policías a su vivienda. Estos funcionarios se negaron y ni siquiera les permitieron llamar por teléfono a sus hijos. En lugar de eso, los agentes del Ministerio Público les tomaron declaración y los llevaron a una celda común como presuntos delincuentes", señala el informe de HRW.
La pareja permaneció encerrada hasta las 13:00 horas del día siguiente. "Estábamos completamente desesperados, pero no nos escuchaban", contó Ibarra a HRW.
Tal como los esposos temían, mientras el Ministerio Público los mantenía incomunicados en la PGR, su hija, Jocelyn Mabel, de 27 años, de profesión maestra; el novio de ésta, José Ángel Mejía Martínez, de 27 años y estudiante de medicina; y Juan Manuel Salas Moreno, de 40 años, empleado de la compañía de transporte de Ibarra, fueron secuestrados por integrantes del mismo grupo de captores que había secuestrado a Ibarra y Buenrostro.
Luego los secuestradores llamaron por teléfono a Ibarra y a su esposa. Les exigieron dinero a cambio de liberar a las tres nuevas víctimas. David Joab, el otro hijo de Ibarra, de 26 años, propuso ser él quien llevara el dinero del rescate en lugar de su padre. La operación se llevó a cabo tres días después. Cuando David Joab fue a entregar el dinero del rescate, también fue secuestrado. Desde entonces las cuatro víctimas se encuentran desaparecidas.

Cifras inciertas

Las dos bases de datos citadas anteriormente no precisan cuántos de los casos que registran son extraviados y cuántos son desaparecidos.
Mucho menos desagregan los datos en función de si a una persona no se le localiza debido a una ausencia voluntaria (por problemas domésticos o por migración dentro o fuera del país, por ejemplo) o involuntaria: accidentes o catástrofes naturales que provoquen su hospitalización o muerte; su reclusión en algún centro psiquiátrico o penitenciario; o privación ilegal de su libertad por secuestro y su eventual muerte por parte del crimen organizado o por parte de agentes del Estado (esta última tipificada como "desaparición forzada").
El artículo tercero de la Ley del RNPED -que el Congreso aprobó en marzo del 2012-, sólo hace una distinción entre persona extraviada y persona desaparecida.
A la primera la define como"la persona que por circunstancias ajenas a su voluntad desconoce o no recuerda sus datos de filiación, identidad y domicilio", y a la segunda, como "toda personas que, con base en información fidedigna de familiares, personas cercanas o vinculadas a ella, la hayan dado como desaparecida de conformidad con el derecho interno, lo cual puede estar relacionado con un conflicto armado internacional o no internacional, una situación de violencia o disturbios de carácter interno, una catástrofe interno, una catástrofe natural o cualquier situación que pudiera requerir la intervención de una autoridad pública competente".

No hay comentarios.: