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jueves, diciembre 31, 2015

BITÁCORA DEL CAPITÁN: DÍA 365

El barco llega al final de una larga y accidentada travesía, trayendo consigo más incertidumbre que certeza para los tripulantes del navío llamado "Querétaro", cuya expectativa de cambio en el timón del crucero, pasó en cuestión de días de la esperanza, al desconcierto,  encono y a un irremediable sentimiento de traición.

El barco tricolor comenzó el año con un capitán desconcertado, sin saber el rumbo que llevaba ni a dónde quería llegar. Se desentendió de la población a bordo y terminó rodeado de ayudantes incapaces que al final mucho contribuyeron a que su itinerario hiciera agua en el inmenso mar de la avaricia, la corrupción e insensibilidad.
En tanto los "jilgueros" a sueldo no cesaban de adular al anterior capitán, las pifias de éste y su equipo iban en aumento;  repitiéndose con mayor frecuencia e intensidad. La inseguridad y el problema de la movilidad en el "Querétaro" se convirtieron en temas insuperables para el timonel 'Pepe', lo cual resultó siendo un factor de primer orden que influyó en la estrepitoso hundimiento de su buque insignia.
La llegada de un nuevo capitán -quien se autonombra 'Pancho'- generó amplias expectativas y parecía que por fin los vientos de cambio vendrían a soslayar la pesada carga de los navegantes a bordo del crucero "Querétaro". Sin embargo, las expectativas se cumplieron puntualmente... pero a la inversa. No acababa de instalarse el nuevo y flamante capitán, cuando las imposiciones antisociales y golpeadoras de este último, sumadas al desorden de su equipo no se hicieron esperar, y pronto el desencanto afloró entre quienes realmente trabajan en sostener el barco a flote.
Por si esto fuera poco, otro de los conductores del "Querétaro", un oficial de poco pelo -pero de mucho cinismo-, ha emprendido una política de derrochamiento de recursos que decidió que la población del barco debe pagar vía incremento a la carga impositiva.
Lo prometido no sólo da la impresión que difícilmente podrá cumplirse, sino que hay nubarrones que presagian tempestad y que la embarcación seguirá dando tumbos dañando principalmente a los contramaestres, no así al capitán, oficiales y demás cargos de élite que navegan plácidamente en cómodos y ostentosos camarotes.
Todo está dispuesto para el surgimiento de un motín, que habrá de quitar del frente a estos incapaces y voraces conductores para poner en tres y seis años más, respectivamente, a otras personas que harán lo mismo, presentándose como experimentados y confiables capitanes de barco y al final terminarán siendo, como todos... unos simples y mal-vivientes piratas...

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