canalabierto@hotmail.com

sábado, marzo 08, 2014

REPORTAJE

Fuga y caída de El Chapo Guzmán
El plan de Washington que Calderón rechazó

Por Ricardo Ravelo
VARIOPINTO AÑO 2 / NÚMERO 21 / MARZO 2014 P. 7

Vicente Fox llevaba 49 días en Los Pinos cuando, el 19 de enero de 2001, Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, se fugó del penal de Puente Grande, Jalisco. El capo sinaloense había preparado el plan con todo detalle. Ese día actuó con naturalidad: pagó la nómina a decenas de custodios y funcionarios por la tarde. Días antes, había organizado una fiesta dentro de la cárcel para agasajar a los internos en la que hubo de todo: alcohol, droga, viagra y bellas mujeres mexicanas y extranjeras. Fue como una despedida anticipada.
Mese atrás, Guzmán Loera le había escrito varias cartas de amor a su novia Zulema Hernández -asesinada y encajuelada años después- en las que le confesaba el profundo amor que sentía por ella. Las faltas de ortografía no afectaron la intensidad de sus mensajes amorosos: "... Pronto estaremos juntos... en un mes... en dos...",  escribió El Chapo en una de ellas.
Las misivas fueron leídas y fotocopiadas por los custodios del penal antes de entregárselas a su destinataria, como es habitual en las prisiones. Las autoridades federales sospecharon que algo raro ocurría en Puente Grande con El Chapo Guzmán, pero apenas se preocuparon por instrumentar un plan de contingencia.
Jorge Tello Peón, entonces subsecretario de Seguridad Pública Federal y exdirector del Centro de Investigación Nacional (Cisen), se limitó a pedirle a las autoridades de Puente Grande que cambiaran de celda al capo. La orden tardó en ejecutarse.
Ese 19 de enero, horas antes de la fuga, Tello Peón, altos mandos de la Policía Federal Preventiva y personal de la Comisión Nacional de Derechos Humanos realizaron una visita a la prisión de alta seguridad jaliciense. El penal de máxima seguridad operaba sin problemas, dijeron al término de la visita; pero la realidad era otra.
La prisión estaba en plena descomposición y El Chapo Guzmán llevaba a cabo desde hacía tiempo su plan de fuga. Había cooptado a todos los funcionarios de la prisión. Desde el director hasta los custodios; todos estaban coludidos con él. Se sabe que las propias autoridades federales sabían de la corrupción pero guardaron silencio.
Tras la fuga, la Procuraduría General de la República (PGR) inició una investigación, encabezada por el fiscal José Larrieta Carrasco. La dependencia concluyó que el plan urdido por El Chapo comenzó a maquinarse en 1999, pero se aceleró en el primer semestre del año 2000, presionado por el proceso de extradición a Estados Unidos, pues temía perder en los tribunales.
Según las autoridades federales, al líder del cártel de Sinaloa le preocupaba comparecer ante la justicia de Estados Unidos. Allá, lo sabía, sería juzgado por los delitos acumulados y purgaría varias cadenas perpetuas o incluso enfrentaría la pena capital. El Tratado de Extradición entre México y Estados Unidos vigente en ese tiempo no se otorgaba ninguna garantía, pues el gobierno mexicano había negociado con el país del norte la entrega de los capos solicitados.
Inteligente, diestro en el arte de corromper conciencias, terco y egocéntrico, como lo describe su ficha psicológica. Guzmán Loera se empeñó en cambiar todos los esquemas operación en Puente Grande. Durante dos años trabajó en ello con esperada paciencia, hasta que logró su cometido. Sus compañeros de celda: Héctor Palma Salazar, El Güero Palma, y Arturo Martínez Herrera, El Texas, fueron las piezas clave, según detalla el informe de la PGR.
Los tres narcotraficantes crearon una red de corrupción institucional que incluyó al personal de aduanas, comunicaciones, talleres, cocina, mantenimiento, lavandería, centro de control, vigilancia y custodia de Puente Grande, asienta el documento. El Chapo también creó un grupo de choque llamado Los Bateadores, cuya tarea era golpear con los bats de beisbol a los elementos de seguridad y custodios de la prisión renuentes a colaborar con él y sus aliados.

Los privilegios

La corrupción y complicidad fue permeando a todos los mandos directivos, comandancias y subdirecciones, hasta llegar a la dirección del penal, a cargo entonces de Leonardo Beltrán Santana. El Chapo y sus amigos gozaban de privilegios; tenían bien aceitados los engranes de la corrupción, todo bajo su control. Recibían visitas de mujeres en sus estancias o en el área de comunicación en horarios prohibidos; algunas de ellas, según la investigación coordinada por Larrieta Carrasco, permanecían con El Chapo hasta una semana completa.
El relajamiento de la disciplina llegó a tal grado que varias trabajadoras del área de cocina se prostituyeron y, previo pago, mantenían relaciones sexuales con los internos del módulo tres, el cual controlaba el capo sinaloense.
Los privilegios también se reflejaban en la comida especial que le preparaban. Todos los días las cocineras acudían a El Chapo para que escogiera el menú. Todo lo que él decía se cumplía. Él y su equipo contaban con aparatos electrónicos y celulares para comunicarse con quien quisieran; también se les dotaba de alcohol y hasta viagra.
El 13 de enero, Guzmán Loera terminó de afinar los hilos. Ese día llamó a los vigilantes Miguel Ángel Leal Amador y a Jaime Sánchez Flores y les comunicó su interés por ayudar al maestro del taller conocido como El Chito, quien con mucho esfuerzo -les dijo- había juntado un kilo de oro y quería ayudarlo a sacarlo del penal para venderlo. También les dijo que el kilo de oro sería sacado el viernes 19 de enero. El interno Jaime Valencia Fuentes, principal operador de El Chapo, ordenó al responsable de elaborar el rol de vigilancia que el viernes 19 ubicara a los oficiales que le fue mencionando en determinadas posiciones. La lista incluía vigilantes que después fueron identificados por la PGR como las piezas clave que facilitaron la fuga.
Cerca de las 22:00 horas, Jesús Viscaino Medina, subdirector adjunto de seguridad interna de Puente Grande, acudió a la estancia de El Chapo para cambiarlo de celda, tal y como había instruido Tello Peón.
-Joaquín Guzmán Loera -gritó.
No hubo respuesta.

El plan de búsqueda

Tras recuperar su libertad, Joaquín Guzmán Loera fue protegido por su amigo y compadre Ismael Zambada García, El Mayo, con quien comenzó a cimentar lo que con el tiempo se transformó la empresa criminal más poderosa del mundo: el cártel de Sinaloa.
Los hermanos Beltrán Leyva, paisanos y amigos del prófugo -después se convirtieron en sus más acérrimos rivales- siempre lo apoyaron cuando estuvo en Puente Grande. Al salir del penal siguieron otorgándole dinero y refugios para que evadiera la persecución policiaca.
Mientras los procesos legales contra los cómplices de la fuga se  perdían en lo tribunales -al paso de los años todos los implicados salieron libres- Guzmán Loera se perdió del mapa. Ni el gobierno de Estados Unidos (con la sofisticada tecnología que dispone), ni el de México quisieron detenerlo. No hubo plan ni estrategia ni trabajo de inteligencia que permitiera saber, a lo largo de 13 años, donde se escondía El Chapo Guzmán.
Todo ello a pesar de que, con el paso de los meses, Guzmán Loera comenzó a diseñar sus planes de construcción de su nueva empresa criminal. Solía reunirse con sus incondicionales en Nuevo León, Morelos, Sinaloa, Baja California, y ciudades como Torreón, Saltillo y Acapulco, entre otras.
Fue en Monterrey donde El Chapo celebró una "cumbre de capos" en la cual estuvieron El Mayo Zambada, los hermanos Beltrán Leyva, Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, Ignacio Nacho Coronel. Para entonces, este grupo había roto relaciones con el Cártel de Juárez, de donde provenían, pues militaron en dicho cártel cuando era dirigido por Amadado Carrillo Fuentes, quien fue declarado oficialmente muerto en 1997.
En realidad, este grupo de narcotraficantes no creían en Vicente Carrillo, El Viceroy, a quien no respetaban. Por ello, Guzmán Loera trazó un plan que se echaría a andar a lo largo del sexenio de Vicente Fox y que consistía en exterminar a sus rivales de Tijuana, particularmente a Ramón y Benjamín Arellano Félix, acérrimos rivales del capo sinaloense. El siguiente paso, según se discutió en aquella cumbre, era terminar con la hegemonía de los Carrillo Fuentes y declararle la guerra a Los Zetas, con quienes disputaban territorios tanto del Pacífico como del Golfo de México.
Todo este plan de acción fue escuchado por un sicario presente en la reunión, quien redactó una carta con fecha 15 de octubre de 2004, la cual fue enviada a la Presidencia de la República, donde fue recibida tres días después.
Según la misiva, en esa reunión se habló de liquidar a Rodolfo Carrillo Fuentes, El Niño de Oro, y de responsabilizar a Los Zetas. Pese a contar con datos y evidencias de los planes de El Chapo, el gobierno de Fox nada hizo para detenerlos.
Posteriormente, la expansión del Cártel de Sinaloa fue de tal magnitud que comenzó a posicionarse en una veintena de entidades del país y más allá de las fronteras: sus tentáculos alcanzaron a países como Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Colombia -donde tomaron el control del transporte de drogas- Argentina. Brasil. Uruguay y Paraguay; también se metieron a Europa: España, Reino Unido, Italia, entre otros países que forman parte de la lista de 53 naciones donde el Cártel de Sinaloa tiene presencia.

La injerencia de Estados Unidos

En 2012, presionado por las sacudidas a su seguridad interna, el gobierno de Estados Unidos preparó un plan para atrapar al jefe del Cártel de Sinaloa.
Fuentes de inteligencia de Estados Unidos y de México confirmaron de ese plan, elaborado por el Pentágono. Y aunque fue presentado al presidente Felipe Calderón, quien lo discutió con las Fuerzas Armadas, al final fue rechazado. La razón: las autoridades mexicanas protestaron porque los estadunidenses querían realizarlo sin la participación de sus pares mexicanos.
La administración Obama decidió reservárselo, según indagó Variopinto, para proponérselo a Enrique Peña Nieto. Finalmente el plan se instrumentó. Durante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón, El Chapo pudo escapar al menos en seis ocasiones de operaciones militares y policiacas. La última, de acuerdo con la Drug Enforcement Administration (DEA), fue en Baja California Sur, justamente pocas horas después de que Hillary Clinton, secretaria de Estado estadunidense, visitó oficialmente México y en particular esa zona turística del Pacífico.
Todos los operativos instrumentados en México para detener a Guzmán Loera fueron ordenados y diseñados por la agencia antidrogas estadunidense. Y ante las reiteradas fallas de las autoridades mexicanas, la relación entre ambos países se había tornado tensa debido a la irritación del gobierno estadunidense.
Informes consultados por Variopinto indican que el gobierno de Felipe Calderón rechazó una intervención de Estados Unidos para capturar a Guzmán Loera por considerarlo "un asunto muy riesgoso".
En 2012, el plan consistía en usar comandos de la marina estadunidense para acciones clandestinas en territorio enemigo por mar, tierra o aire. Esto, sin duda, era una copia fiel de la operación que Estados Unidos utilizó en Paquistán para capturar al terrorista Osama Bin Laden en 2011.
Se dijo entonces que en la sierra sinaloense, el refugio de El Chapo Guzmán, se requerían tres equipos especiales y tres aviones de alta tecnología digital operados por control remoto y armados con misiles. Las fuerzas especiales estadunidenses se desplazarían en helicópteros artillados. Y una vez echado a andar el plan, en 10 o 15 minutos .tal como ocurrió la madrugada del sábado 22 de febrero en Mazatlán, Sinaloa-, el objetivo (Joaquín Guzmán Loera) estaría capturado.
La captura abre varias interrogantes: ¿La visita de Obama a México fue para ordenar la captura de El Chapo? ¿Por qué se decidió aprehenderlo hasta ahora, 13 años después de su fuga de Puente Grande? ¿Fue realmente un plan largamente preparado para ubicarlo y detenerlo? ¿El detenido el sábado 22 es el verdadero Chapo Guzmán? ¿Por qué no se dieron a conocer de inmediato las muestras  de ADN? ¿Qué hacía El Chapo Guzmán en un hotel de Mazatlán, Sinaloa? ¿Por qué estaba sin protección? ¿Fue el acuerdo previo para que o detuvieran? ¿Qué pasará con la estructura financiera del Cártel de Sinaloa? ¿El presidente Enrique Peña Nieto desmantelará realmente toda la red de cómplices y lavadores de dinero del cártel de Sinaloa? ¿Tendrá el PRI su nuevo capo? ¿Quién será? ¿Fue la captura de El Chapo una venganza de Los Zetas? ¿Serán ahora Los Zetas los amos y señores del narcotráfico en México? ¿Será ese el cártel consentido de Peña Nieto?
Ismael El Mayo Zambada, por lo pronto, ya está en el poder. Es el nuevo jefe del Cártel de Sinaloa tras la captura de El Chapo Guzmán, aunque desde el gobierno de Felipe Calderón a este personaje ya se le consideraba el verdadero poder del narcotráfico en México. Tanto se le protegió, que en una ocasión fue detenido por agentes de la PGR en Culiacán, Sinaloa. Sin embargo, por órdenes superiores lo dejaron ir, previo pago multimillonario.

No hay comentarios.: